Al separarme de la grata y casual compañía patricia, con la mochila nuevamente al hombro, caminé hacia el casco histórico de la ciudad. No estaba muy lejos y las indicaciones del oficial fueron tan precisas que la plaza central me encontró rápidamente. Quizás por lo poco que había dormido la noche anterior, o por el paupérrimo estado físico que me acompañaba, decidí sentarme en uno de los bancos que la plaza me ofrecía.
No tenía hambre, pero el aburrimiento y el "nosaberquéhacer" me hicieron abrir una lata de atún que llevaba en la mochila. La travesía comenzó cuando el cortaplumas demostró la diferencia de presión entre Buenos Aires y Jujuy. Bastó con un sólo pinchazo para que la máxima cantidad posible de aceite se esparciera por mis pantalones, para luego continuar por las manos y, finalmente, luego de muchas maniobras, llegara a un pañuelo descartable que solucionó un poco el panorama.
Tardé aproximadamente un día, o día y medio, en abrir la lata de atún. Una vez abierta le saqué el poco aceite que quedaba (presionando con"fuerza" la solapa de metal sobre el atún contenido) y miré con cierta sorpresa a mi alrededor; había salido del pequeño y estresante mundo del atún para volver a ver una plaza con mucha gente que circulaba. "No tengo ni siquiera un tenedor", pensé. Comer el atún con una navaja es moco de pavo comparado con la apertura de una lata La Campagnola a fuerza de cortaplumas malinventada.
Sin haberlo disfrutado en lo más mínimo, terminé de comer y tiré el enchastre en el tacho más cercano. Otro pañuelo descartable de por medio y con la mochila nuevamente al hombro, seguí caminando alrededor de la plaza. Pasé por la puerta de varios edificios importantes pero no les brindé ni la más mínima atención. Cualquier testigo habría pensado que estaba apurado, pero las únicas verdades en ese momento eran que me estaba meando y que faltaban aproximadamente seis horas para que el micro me sacara de esa ciudad de paso.
Un edificio me llamó la atención. No sé qué peculiaridad tienen las iglesias, pero captan mi atención de forma incongruente y siempre termino entrando. Quizás sea el silencio que me espera adentro; realmente no lo sé. Entré en la Catedral y la paz era la que esperaba. Aproveché para descolgarme la mochila y sentarme.
Las Catedrales son inmensas, o al menos ésa es la impresión que dan. Me estaba meando bastante, pero me sentía tan tranquilo, de repente, que no me importó; me quedé sentado mirando la nada y escuchando el todo, que no era casi nada: apenas algún sonido. Algún susurro de alguien, algún asiento de madera que crujía, algún que otro pie sobre piso de mármol...
Seguí sin desviar la vista de la nada hasta que ella me sacó del trance. Era jujeña, sin duda alguna (salvo que fuera salteña, boliviana o peruana), debía tener alrededor de cuarenta y tantos años y su figura era decadente. Si no pesaba noventa kilos era porque pesaba cien, y su ropa gastada pero funcional no la beneficiaba en lo más mínimo.
Comenzó usando casi ocho litros de agua bendita para persignarse una y cien veces. Lo primero que se me ocurrió, y no es broma, es que le iba a pedir a Diocito que le sacara un par de kilos de encima. Pero acto seguido se dirigió a un pesebre, y volvió a persignarse. Luego pasó por otra "estatua" religiosa, la tocó y se persignó nuevamente. ¡¿Iba a hacer eso con absolutamente todas las figuras religiosas que había en la Catedral?! Sí. Y yo la seguí con la vista, porque cada nueva "persignación" me parecía insostenible.
Esta mujer evidentemente necesitaba que Dios le sacara un peso de encima. Pero no exactamente de grasa. Había algo que la perturbaba, que no la dejaba vivir tranquila y que hacía de su estadía en la iglesia una rutina gimnástica casi obsesiva.
No toleré ver su rutina completa y antes de que terminara de dar la vuelta entera a todos los santos y estatuas y loquefuere, tuve que irme de la Catedral. Esta vez me produjo cierta paz el hecho de salir a la plaza y encontrarme con el ruido nuevamente.
A cien metros, entré en un museo que había pispeado minutos antes de haberme adentrado en la aventura atunera. Me había gustado no por los grabados sino por el bar que tenía en el primer piso. Me senté en una mesa (cada vez que me sacaba la mochila de los hombros mi cuerpo agradecía enormemente mi actitud), pedí un capuccino con dos medialunas y acto seguido me dirigí hacia el baño. Mientras mi vejiga se desinflaba volví a pensar en la jujeña. Tiré la cadena y me lavé las manos y la cara.
Al volver a la mesa saqué de mi mochila un libro y comencé a leer algunas páginas hasta que llegó el café. Largué el libro (mucha atención no le estaba prestando) volviendo el señalador hacia atrás, como sugiriendo que las páginas que acababa de leer no las había leido realmente. Tomé el café y comí las medialunas con toda la pasión y organización que no había utilizado al comer el atún.
Cuando hube terminado, no supe qué hacer. Tal es así que lo único que hice fue pasarme a una mesa junto a una ventana que daba a la Casa de Gobierno. Hice un par de boludeces como leer un folleto, interpretar un mapa de la ciudad, cortarme las uñas de la mano izquierda y ordenar mi bolsito de tocador. Ordenando un poco encontré unas hojas pentagramadas y un lápiz; "por ahí pueda escribir algo, como para pasar el rato".
Ahora faltan nada más que dos horas y media para que el micro me saque de esta ciudad de paso.
lunes, 28 de enero de 2008
lunes, 3 de septiembre de 2007
De película.
Karen y Julio caminan.
K: - Ayer ví la película que me recomendaste!
J: - Cuál?
K: - La que me recomendaste el otro día...cuando fuimos a...a lo de Esteban fue?
J: - No sé...
K: - Sí, creo que fue cuando fuimos a lo de Esteban. Estábamos en el living...te acordás?
J: - Del living?
K: -Justo antes de cenar. Ustedes estaban tomando un whisky y hablando de obras de teatro...
J: - Ahhhh! Sí...qué pasa?
K: - Bueno, después empezaron a hablar de películas, y vos me recomendaste que viera una...
J: - Ajá...
K: - Eh....
J: - Cómo se llama?
K: - Dejáme pensar...dejáme pensar...estoy pensando....
(Silencio.)
K: - Ay! Pero qué boluda! La tengo en la punta de la lengua! La ví ayer!
(Silencio.)
K: - Bueno. No puedo creer que sea tan pero tan boluda!
J: - Eu, ché, no te preocupes, no es para tanto.
K: - Vos no te acordás? Me la recomendaste en lo de Esteban...
J: - Pero fue hace mucho...no me acuerdo. Buenos muchachos?
K: - No...no...actúa este tipo...cómo mierda se llama?
J: - No sé...
K: - Sí... este que actuó en mil películas...cómo se llama? Tuvo dos esposas...estuvo casado dos veces. La primera fue esta mujer, la que se suicidó justo antes de que el marido la dejara...
J: - Eh?...No...no sé.
K: - Bueno, no importa...Ah! Ya sé! La dirige el mismo que dirigió...eh...ay! mierda!....Hay otra película que es buenísima y que dirigió este tipo... No me sale el nombre. Tiene un apellido muy difícil. Un apellido húngaro. O escocés...
Ché, en serio no te acordás qué película me recomendaste? No fue hace mucho! Fue el verano que pasó...Es la única película que me recomendaste en tu vida!
J: - Sí...pero no, no me acuerdo cual pudo haber sido... China Town?
K: - No, no, esa ya la había visto antes. Es genial...Que actúa....eh...
J (interrumpiéndo): - Jack Nicholson.
K: - Sí, sí. Jack Nicholson. Qué buena peli esa!
J: - Sí...
(Silencio.)
K: - Ufff...qué boluda, ché...qué barbaridad...
J: -Bueno, Karen, ya está...ya está...ya te vas a acordar. Cuando te acuerdes, me decís...
K: - No, no, no importa el nombre. Te digo ahora. No me gustó un carajo la película...los actores están espantosos...el tipo este, el protagonista... es buen actor! Pero en esta película no sé que le pasa...está como muy abajo de su nivel...Me extraña el director... el tipo ese hizo cosas buenas! ... Pero su trabajo fue directamente malo acá...Encima la trama es fea, aburrida...de quién es?
J: - La trama? Ni idea...
K: - Bueno...eso. Una cagada de película.
K: - Ayer ví la película que me recomendaste!
J: - Cuál?
K: - La que me recomendaste el otro día...cuando fuimos a...a lo de Esteban fue?
J: - No sé...
K: - Sí, creo que fue cuando fuimos a lo de Esteban. Estábamos en el living...te acordás?
J: - Del living?
K: -Justo antes de cenar. Ustedes estaban tomando un whisky y hablando de obras de teatro...
J: - Ahhhh! Sí...qué pasa?
K: - Bueno, después empezaron a hablar de películas, y vos me recomendaste que viera una...
J: - Ajá...
K: - Eh....
J: - Cómo se llama?
K: - Dejáme pensar...dejáme pensar...estoy pensando....
(Silencio.)
K: - Ay! Pero qué boluda! La tengo en la punta de la lengua! La ví ayer!
(Silencio.)
K: - Bueno. No puedo creer que sea tan pero tan boluda!
J: - Eu, ché, no te preocupes, no es para tanto.
K: - Vos no te acordás? Me la recomendaste en lo de Esteban...
J: - Pero fue hace mucho...no me acuerdo. Buenos muchachos?
K: - No...no...actúa este tipo...cómo mierda se llama?
J: - No sé...
K: - Sí... este que actuó en mil películas...cómo se llama? Tuvo dos esposas...estuvo casado dos veces. La primera fue esta mujer, la que se suicidó justo antes de que el marido la dejara...
J: - Eh?...No...no sé.
K: - Bueno, no importa...Ah! Ya sé! La dirige el mismo que dirigió...eh...ay! mierda!....Hay otra película que es buenísima y que dirigió este tipo... No me sale el nombre. Tiene un apellido muy difícil. Un apellido húngaro. O escocés...
Ché, en serio no te acordás qué película me recomendaste? No fue hace mucho! Fue el verano que pasó...Es la única película que me recomendaste en tu vida!
J: - Sí...pero no, no me acuerdo cual pudo haber sido... China Town?
K: - No, no, esa ya la había visto antes. Es genial...Que actúa....eh...
J (interrumpiéndo): - Jack Nicholson.
K: - Sí, sí. Jack Nicholson. Qué buena peli esa!
J: - Sí...
(Silencio.)
K: - Ufff...qué boluda, ché...qué barbaridad...
J: -Bueno, Karen, ya está...ya está...ya te vas a acordar. Cuando te acuerdes, me decís...
K: - No, no, no importa el nombre. Te digo ahora. No me gustó un carajo la película...los actores están espantosos...el tipo este, el protagonista... es buen actor! Pero en esta película no sé que le pasa...está como muy abajo de su nivel...Me extraña el director... el tipo ese hizo cosas buenas! ... Pero su trabajo fue directamente malo acá...Encima la trama es fea, aburrida...de quién es?
J: - La trama? Ni idea...
K: - Bueno...eso. Una cagada de película.
Cortar por lo sano.
L: - Hola?
A: - Hola, sí...está Analía?
L: - No, no está ella... De parte de quién?
A: - Ah...Alfredo habla. ¿No sabés dónde está...a qué hora vuelve?
L: - No...ni idea la verdad.
A: - Quién habla?
L: - Lautaro.
A: -Aahh! Qué hacés Lautaro?! Cómo estás?! No te había reconocido...
L: - Bien... todo bien... vos?
A: - Bien también por suerte, ché! Vos qué tal?!
L: - Eh...bien. Bien.
A (como riéndose): - Qué bueno, ché, qué bueno... decíme una cosa. Tu vieja no está entonces?
L: - Ehh...no...no...no está...
A: -Ah...qué macana...bueno, vuelvo a llamar más tarde entonces?
L: -Sí, no sé...como quieras.
A: - Más tarde va a estar ella?
L: - Y sí...creo que sí. No sé. Supongo.
A: - Bueno, bárbaro entonces! La llamo más tarde.
L: - Bueno...
A: - Tus cosas bien entonces?
Lautaro corta el teléfono.
A: - Hola, sí...está Analía?
L: - No, no está ella... De parte de quién?
A: - Ah...Alfredo habla. ¿No sabés dónde está...a qué hora vuelve?
L: - No...ni idea la verdad.
A: - Quién habla?
L: - Lautaro.
A: -Aahh! Qué hacés Lautaro?! Cómo estás?! No te había reconocido...
L: - Bien... todo bien... vos?
A: - Bien también por suerte, ché! Vos qué tal?!
L: - Eh...bien. Bien.
A (como riéndose): - Qué bueno, ché, qué bueno... decíme una cosa. Tu vieja no está entonces?
L: - Ehh...no...no...no está...
A: -Ah...qué macana...bueno, vuelvo a llamar más tarde entonces?
L: -Sí, no sé...como quieras.
A: - Más tarde va a estar ella?
L: - Y sí...creo que sí. No sé. Supongo.
A: - Bueno, bárbaro entonces! La llamo más tarde.
L: - Bueno...
A: - Tus cosas bien entonces?
Lautaro corta el teléfono.
domingo, 18 de febrero de 2007
Ensalada.
G: - Yo creo que esta mesa va a andar bien.
A: - No está muy cerca del baño?
G: - No...bah...sí, pero no tan cerca. Está bien, creo. Me gusta porque está cerca de la ventana.
A: - Bueno.
Se sientan.
G: - Se huele igual...
A: - Qué cosa?
G: - El baño...digo...evidentemente alguien acaba de...
A: - Ah. Vamos a otra. Te dije. Nunca hay que sentarse cerca del baño. Es como en los micros.
G: - Sí, pero en los micros el asiento te toca. No hay nada que hacer. Acá uno tiene la suerte de poder elegir.
A: - Y sin embargo uno elije cerca del baño.
G: - Debe ser eso que dicen. ¿Cómo se llama? ¿Psicología inversa? Algo así.
A: - Esa de allá me gusta. Es redonda. Y está cerca de la ventana también.
G: - Pero es para cuatro...
A: - Es para seis en realidad, pero me gusta, no nos van a decir nada.
Se sientan en la mesa para seis.
A: - Sentáte más cerca.
G: - Mirá al de al lado. Sin ser evidente. No, no. A tu izquierda. Mirá.
A: - Qué pasa? Ése que está solo?
G: - Sí. Tiene un brazo mucho mas grande que el otro.
A: - Eh? Cuál?
Se acerca el mozo.
M: - Les dejo la carta. Se nos acaba de acabar el pollo.
A: - Una pena.
El mozo se retira.
G: - Vos querías pollo?
A: - No, pero debe haber gente que sí. Qué querés tomar?
G: - Vas a pedir vino?
A: - Sí, yo tomaría. Tomás?
G: - Lo dejé en casa con María. Lo va a cuidar por hoy.
A: - Eso es bueno. Y qué tomás?
G: - Mi hijo, Augusto! Cómo qué tomás?
A: - No, no. Qué querés de beber?
G: - Ahh. Aparte del vino?
A: - Sí.
G: - Tomaría agua también.
Augusto se pone los lentes y mira la carta de vinos.
G: - Es increíble. El derecho es mucho mas grande. Más ancho...
A: - Debe ser tenista.
G: - Y debe ser diestro.
A: - Sí. Si es tenista, es diestro.
G: - Y si no es tenista?
A: - Puede que sea diestro igualmente. O no...quién sabe.
G: - Él debe saber. Pero qué puede ser si no es tenista? Qué otra profesión se te ocurre?
A: - No sé, quizás tiene simplemente un problema en el brazo. Y es desocupado.
G: - Puede tener un problema en el brazo y no ser desocupado también.
A: - También.
G: - Pero si fuera desocupado no estaría comiendo acá.
A: - O sí. Puede haber recibido una herencia enorme.
G: - De quién?
A: - Del padre. O de la madre. Quizás del tío, del tío abuelo, de un primo lejano...
G: - Tengo muchas ganas de comer pollo. Me acabo de dar cuenta.
A: - Pero no hay pollo. Es justo lo que no hay hoy.
G: - Es que la mujer de atrás tuyo, la del vestido rojo, está comiendo pollo y tiene una pinta bárbara.
A: - El pollo?
G: - No, la mujer. Tiene una figura impresionante. Debe ser porque come pollo. Hay que comer sano.
A: - Sí, Graciela, pero no hay pollo. Es justo lo único que no hay. Pedíte una ensalada si querés comer sano.
G: - Seguro que ella se pidió la última porción.
A: - Es muy posible que compremos un local nuevo con Marcos.
G: - A medias?
A: - Sí.
G: - Para alquilar?
A: - Sí.
G: - Ya elegiste el vino?
A: - Sí. Agua con gas o sin gas?
G: - Sin.
A: - Bueno, llamá al mozo.
G: - Y qué van a poner en el local?
A: - No sé, lo que sea. Lo que el que alquile quiera poner.
G: - Pero vos no le podés alquilar el local a cualquier persona que quiera poner cualquier cosa...
A: - Y por qué no? Es su problema.
G: - No...porque si le va mal va a dejar de alquilar. Vos tenés que apostar a largo plazo... Suponéte que a alguien se le ocurre poner un local de venta de ensaladas.
A: - Ensaladas?
G: - Sí.
A: - Qué original.
G: - Bueno. Suponéte eso. El tipo lo va a abrir y a los dos meses lo va a cerrar porque nadie va a comprar ensaladas.
A: - Por qué?
G: - Porque es ridículo, Augusto!
A: - Qué cosa?
G: - Que alguien quiera comprar una ensalada. Además, a cuánto la venderías?
A: - No sé. A qué apuntás con todo esto?
Se acerca el mozo.
M: - Sí...?
A: - Sí. Un agua con gas y el malbec...Eh...Génesis. Acá está. Éste..
M: - Cómo no...van a ordenar la comida ahora?
A: - No, lo vamos a pensar y ahora te avisamos.
M: - Ahora?
A: - No, no. En un ratito.
M: - Bien.
Se aleja el mozo.
G: - Qué increíble que no haya justo pollo.
A: - Ni tenías pensado comer pollo hasta que te enteraste de que no había...
G: - No...hasta que ví a esta mujer.
A: - La del vestido rojo?
G: - Sí.
A: - Tan linda es?
G: - No dije que fuera linda. Dije que tenía muy buena figura.
A: - Te gusta?
G: - No...
A: - Te puede gustar una mujer? Digo...serías capaz de estar con una mujer? Puede que una mujer te guste?
G: - No, bah, no sé. Creo que no...
A: - De qué depende?
G: - No sé...Qué comemos?
A: - Me dieron ganas de comer alguna ensalada.
G: - Bueno, pero pidámos todo junto. Porque tengo hambre.
A: - Ok. Vos qué vas a comer?
G: - Ñoquis con crema.
A: - Bueno...
Augusto levanta su mano e intenta llamar la atención del mozo. No lo logra. Intenta una segunda vez. El intento fallido se transforma en una rascada de nuca. La tercera es la vencida. El mozo se acerca.
A: - Bueno...vamos a pedir de entrada una ensalada caprese. Sin cebolla por favor.
M: - Viene sin cebolla ésa.
A: - Claro. Por eso. Luego vamos a pedir unos tallarines con crema y una milanesa a la napolitana. Sin jamón y sin queso. Simplemente la milanesa y el orégano.
M: - Y el tomate?
A: - Ah. Sáqueselo también. Me da alergia.
M: - Entonces sería simplemente una milanesa con orégano. La quiere acompañar con alguna guarnición?
A: - Salchichas puede ser?
M: - Señor, éso no es una guarnición.
A: - Ah. Bueno, entonces simplemente la milanesa. Napolitana.
M: - Eh...bien.
El mozo se retira.
A: - En qué estábamos?
G: - No sé. El de atrás mío te mira muy raro. Debe haber sido por lo del orégano.
A: - Cómo sabés que me mira raro?
G: - Es evidente.
A: - Es no vidente, Graciela.
G: - En serio me decís?
A: - Sí.
G: - Qué barbaridad. A quién se le ocurriría?
A: - Graciela, no es su culpa. No es que se le ocurrió ser no vidente. No lo eligió, supongo.
G: - No, decía...A quién se le ocurriría pensar que ése tipo es ciego? No parece en lo más mínimo.
A: - Bueno. Vos qué tal? Cómo fue tu día?
G: - Bien. Tranqui. Normal. Aburrido...no fue un día muy especial que digamos. De hecho fue más bien triste. Fue un día instrascendente. Sin alma. Malo. Mal día. Feo. Horrible.
A: - Eh! Por qué? Qué pasó?
G: - Falleció Tití.
A: - La tortuga?
G: - Sí.
A: - Pero no es que viven como quinientos años las tortugas?
G: - Sí, siempre y cuando alguien no las pise y las tire por el balcón.
A: - Quién hizo eso!?
G: - No, no sé. También se pueden morir incineradas. Qué sé yo, hay tantas formas...
A: - De qué?
G: - De que no lleguen a los quinientos años...
A: - Está bien. Pero cuál es el caso de Tití?
G: - No sabría decirte. Hoy amaneció muerta. Debe haber comido algo...no sé.
A: - Estás segura de que no está hibernando?
G: - Invernando?
A: - No, hibernando.
G: - Ah, y cuál es la diferencia?
A: - "Invernar" es pasar el invierno en algún lugar. También significa engordar al ganado con buenas pasturas.
G: - E "hibernar"?
A: - Pasar el invierno. Pero en estado de hibernación.
G: - Ah.
A: - Bueno, y como sabés que no está hibernando?
G: - Porque es verano.
A: - Ah, claro.
G: - Lo que no sé es si no estaba invernando...
A: - No, seguro que no.
G: - Por?
A: - Porque es verano.
G: - Ah, claro. Bueno, la cuestión es que se murió esa tortuga. Ya era hora.
A: - Eh?
G: - Y sí. Decíme vos. Para qué cuernos sirve una tortuga?
A: - Y para qué sirve un perro?
G: - No sé, te brinda cariño, te hace compañía, qué se yo.
A: - Y un gato?
G: - No sé, no me cambies de tema. Estamos con la cuestión de las tortugas.
A: - Bueno, no sé qué decirte.
G: - No sirven para nada! Y las tenés que alimentar...Tomás antes se ocupaba. Pero ahora no. Era hora de que se muriera. Yo no la aguantaba más. Por eso es que hoy fue un buen día. Al fin murió.
A: - Y Tomás cómo lo tomó?
G: - Ni se enteró.
A: - Le vas a decir?
G: - No sé, cuando pregunte.
Llega el mozo con la comida.
A: - Gracias. Puede ser un poquito de sal, por favor?
El mozo toma un frasco lleno de sal de una mesa vecina, sin siquiera pedirle permiso a los comensales. Deja la sal en la mesa de Augusto y Graciela y se retira.
G (en voz baja): - Los de al lado nos están mirando mal. Es por lo de la sal. Viste lo que hizo el mozo?
A: - Sí, pero que se jodan. Los de al lado digo.
G: - Deberíamos pedirles disculpas.
A: - El mozo debería hacerlo.
Graciela mira su plato.
G: Ah, no, no, no!
A: - Qué pasa?
G: - Estos agnolotis tienen pollo!
A: - Mejor. No querías pollo vos?
G: - Pero yo quería pollo solamente. Me dijeron que no había. Qué manga de mentirosos "inescuprulosos".
A: - Eh?
G: - "Inéscrúpulosos". No. "Inescrúpulos". Os. Mierda. Cómo era? Indescriptibles! Eso! Qué manga de mentirosos indescriptibles! Encima ahora el poco pollo que me pusieron con los sorrentinos está todo "encremado".
A: - Eh?
G: - "Encremado". Con crema. Lleno de. Lleno de crema.
A: - Bueno, no es tan terrible.
G: - La crema engorda.
A: - No, el que engorda es uno.
G: - Ay, que chistoso!
CDLMDAA uno: - Disculpe, señor...
CDLMDAA dos: - Señor...
G: - Augusto, te hablan. Los comensales de la mesa de al lado.
A: - Ah, perdón.
Augusto da media vuelta y mira a los comensales de la mesa de al lado (de ahora en adelante "CDLMDAA"). El comensal de la mesa de al lado "uno" es de sexo masculino. El "dos" es de sexo femenino.
A: - Dígame.
CDLMDAA uno: - Podría devolvernos la sal por favor?
A: - Sí, cómo no. Le pido disculpas por lo que hizo el mozo. Fue bastante desconsiderado.
CDLMDAA dos: - Sí, también fue un descortéz caradura.
A: - Eso mismo.
CDLMDAA uno: - Se joroba ahora. Porque no le vamos a dejar propina.
A: - Como debe ser. Aquí tiene la sal.
CDLMDAA uno: - Muchísimas gracias.
A: - No hay de qué.
Augusto da media vuelta y vuelve a su conversacion con Graciela.
A: -Simpáticos estos tanos, eh.
G: - Cómo sabés que son tanos?
A: - Por la insignia que tenían en las servilletas. No viste?
G: - Pero nosotros tenemos las mismas. Son del lugar. Este restaurante es italiano, Augusto.
A: - Ah. Ya me parecía raro que se trajeran sus propias servilletas. Hay gente que lo hace igual.
G: - Sí?
A: - Sí. Es más higiénico.
G: - Claro. Ah! Sabés qué otra cosa me pasó hoy?
A: - No.
G: - En realidad no es que me pasó. Bah, sí. Bueno, no importa. Te digo. Hoy fui al gimnasio justo después de enterrar a Tití.
A: - Enterraste a Tití?
G: - Sí.
A: - Dónde?
G: - En una maceta. Grande. No importa. La cuestión es que yo me había ampollado el pié. Ya hace varios días que pasó eso. Igual creo que desde anteayer que no me dolía el pie. Por la ampolla, digo. Bueno, entonces....qué te estaba diciendo? Ah, claro! Fui al gimnasio, tomé mi clase de Tai-Chi-Chong-Gú y volví a casa caminando. Cuando llegué a casa y me estaba por bañar, cuando me saqué la zapatilla y las medias, vi que me colgaba un pedazo de piel seca del pie. Era la ampolla esa que te dije recién. Que ya desde hace varios dias que no era "ampolla" sino "piel seca ex ampolla" o algo así. Entonces ese pedazo de piel, que sería de unos dos centímetros por medio centímetro mas o menos, me lo saqué. Y en vez de tirarlo a la basura lo dejé apoyado en la mesita de luz, pensando "bueno, cuando salga del baño lo tiro". La cuestión es que me fui a bañar, lo más bien, y cuando salgo de la ducha, el pedacito ese de piel estaba aún mas seco (se notaba por la dureza) y encima era más chico. Debía tener...suponete...un centímetro y medio por un cuarto de centímetro. Algo así. Increíble, no?
A: - Sí...
G: - Bueno, y estuve buscando todo el dia en internet una explicación para semejante hecho. Y no la encontré, sabés? Debe ser porque dermatológicamente hablando yo soy una mujer muy especial. No le debe pasar eso a mucha gente. Por eso no está en internet.
A: - Claro...Mi amor, comé...se te va a enfriar.
G: - No, no quiero, se me pasó el hambre. Y además estos canelones no están tan buenos.
A: - Qué pena. Vas a comer postre?
G: - Sí. Ensalada de frutas.
A: - Bien.
Augusto llama al mozo. El mozo se acerca.
A: - Le puedo pedir una ensalada de frutas y un tiramisú?
M: - Desde luego.
G: - No, no. Mejor yo quiero una ensalada de frutas también.
A: - Bueno, entonces que sean dos ensaladas de fruta.
M: -Bien.
El mozo se retira.
G: - Me arrepentí del tiramisú justo a tiempo.
A: - Sí!
El mozo se acerca con dos "Charlotes".
A: - Señor, discúlpeme...le pedimos dos tiramisú.
M: - Es que no hay. No quedan muchos postres. Éste es el único que nos queda, de hecho. Cómanlo, no se los vamos a cobrar.
A: - Bueno....está bien. Gracias.
G: - Este mozo tiene un carácter muy especial.
A: - Sí.
Los CDLMDAA, quienes terminaron de comer hace rato, se levantan de su mesa y se despiden de Augusto y Graciela con un gesto cordial, el cual es devuelto en tiempo y forma.
A los diez minutos, luego de haber comido sus respectivos postres y haber pagado la cuenta, Augusto y Graciela también se retiran del restaurante.
A: - No está muy cerca del baño?
G: - No...bah...sí, pero no tan cerca. Está bien, creo. Me gusta porque está cerca de la ventana.
A: - Bueno.
Se sientan.
G: - Se huele igual...
A: - Qué cosa?
G: - El baño...digo...evidentemente alguien acaba de...
A: - Ah. Vamos a otra. Te dije. Nunca hay que sentarse cerca del baño. Es como en los micros.
G: - Sí, pero en los micros el asiento te toca. No hay nada que hacer. Acá uno tiene la suerte de poder elegir.
A: - Y sin embargo uno elije cerca del baño.
G: - Debe ser eso que dicen. ¿Cómo se llama? ¿Psicología inversa? Algo así.
A: - Esa de allá me gusta. Es redonda. Y está cerca de la ventana también.
G: - Pero es para cuatro...
A: - Es para seis en realidad, pero me gusta, no nos van a decir nada.
Se sientan en la mesa para seis.
A: - Sentáte más cerca.
G: - Mirá al de al lado. Sin ser evidente. No, no. A tu izquierda. Mirá.
A: - Qué pasa? Ése que está solo?
G: - Sí. Tiene un brazo mucho mas grande que el otro.
A: - Eh? Cuál?
Se acerca el mozo.
M: - Les dejo la carta. Se nos acaba de acabar el pollo.
A: - Una pena.
El mozo se retira.
G: - Vos querías pollo?
A: - No, pero debe haber gente que sí. Qué querés tomar?
G: - Vas a pedir vino?
A: - Sí, yo tomaría. Tomás?
G: - Lo dejé en casa con María. Lo va a cuidar por hoy.
A: - Eso es bueno. Y qué tomás?
G: - Mi hijo, Augusto! Cómo qué tomás?
A: - No, no. Qué querés de beber?
G: - Ahh. Aparte del vino?
A: - Sí.
G: - Tomaría agua también.
Augusto se pone los lentes y mira la carta de vinos.
G: - Es increíble. El derecho es mucho mas grande. Más ancho...
A: - Debe ser tenista.
G: - Y debe ser diestro.
A: - Sí. Si es tenista, es diestro.
G: - Y si no es tenista?
A: - Puede que sea diestro igualmente. O no...quién sabe.
G: - Él debe saber. Pero qué puede ser si no es tenista? Qué otra profesión se te ocurre?
A: - No sé, quizás tiene simplemente un problema en el brazo. Y es desocupado.
G: - Puede tener un problema en el brazo y no ser desocupado también.
A: - También.
G: - Pero si fuera desocupado no estaría comiendo acá.
A: - O sí. Puede haber recibido una herencia enorme.
G: - De quién?
A: - Del padre. O de la madre. Quizás del tío, del tío abuelo, de un primo lejano...
G: - Tengo muchas ganas de comer pollo. Me acabo de dar cuenta.
A: - Pero no hay pollo. Es justo lo que no hay hoy.
G: - Es que la mujer de atrás tuyo, la del vestido rojo, está comiendo pollo y tiene una pinta bárbara.
A: - El pollo?
G: - No, la mujer. Tiene una figura impresionante. Debe ser porque come pollo. Hay que comer sano.
A: - Sí, Graciela, pero no hay pollo. Es justo lo único que no hay. Pedíte una ensalada si querés comer sano.
G: - Seguro que ella se pidió la última porción.
A: - Es muy posible que compremos un local nuevo con Marcos.
G: - A medias?
A: - Sí.
G: - Para alquilar?
A: - Sí.
G: - Ya elegiste el vino?
A: - Sí. Agua con gas o sin gas?
G: - Sin.
A: - Bueno, llamá al mozo.
G: - Y qué van a poner en el local?
A: - No sé, lo que sea. Lo que el que alquile quiera poner.
G: - Pero vos no le podés alquilar el local a cualquier persona que quiera poner cualquier cosa...
A: - Y por qué no? Es su problema.
G: - No...porque si le va mal va a dejar de alquilar. Vos tenés que apostar a largo plazo... Suponéte que a alguien se le ocurre poner un local de venta de ensaladas.
A: - Ensaladas?
G: - Sí.
A: - Qué original.
G: - Bueno. Suponéte eso. El tipo lo va a abrir y a los dos meses lo va a cerrar porque nadie va a comprar ensaladas.
A: - Por qué?
G: - Porque es ridículo, Augusto!
A: - Qué cosa?
G: - Que alguien quiera comprar una ensalada. Además, a cuánto la venderías?
A: - No sé. A qué apuntás con todo esto?
Se acerca el mozo.
M: - Sí...?
A: - Sí. Un agua con gas y el malbec...Eh...Génesis. Acá está. Éste..
M: - Cómo no...van a ordenar la comida ahora?
A: - No, lo vamos a pensar y ahora te avisamos.
M: - Ahora?
A: - No, no. En un ratito.
M: - Bien.
Se aleja el mozo.
G: - Qué increíble que no haya justo pollo.
A: - Ni tenías pensado comer pollo hasta que te enteraste de que no había...
G: - No...hasta que ví a esta mujer.
A: - La del vestido rojo?
G: - Sí.
A: - Tan linda es?
G: - No dije que fuera linda. Dije que tenía muy buena figura.
A: - Te gusta?
G: - No...
A: - Te puede gustar una mujer? Digo...serías capaz de estar con una mujer? Puede que una mujer te guste?
G: - No, bah, no sé. Creo que no...
A: - De qué depende?
G: - No sé...Qué comemos?
A: - Me dieron ganas de comer alguna ensalada.
G: - Bueno, pero pidámos todo junto. Porque tengo hambre.
A: - Ok. Vos qué vas a comer?
G: - Ñoquis con crema.
A: - Bueno...
Augusto levanta su mano e intenta llamar la atención del mozo. No lo logra. Intenta una segunda vez. El intento fallido se transforma en una rascada de nuca. La tercera es la vencida. El mozo se acerca.
A: - Bueno...vamos a pedir de entrada una ensalada caprese. Sin cebolla por favor.
M: - Viene sin cebolla ésa.
A: - Claro. Por eso. Luego vamos a pedir unos tallarines con crema y una milanesa a la napolitana. Sin jamón y sin queso. Simplemente la milanesa y el orégano.
M: - Y el tomate?
A: - Ah. Sáqueselo también. Me da alergia.
M: - Entonces sería simplemente una milanesa con orégano. La quiere acompañar con alguna guarnición?
A: - Salchichas puede ser?
M: - Señor, éso no es una guarnición.
A: - Ah. Bueno, entonces simplemente la milanesa. Napolitana.
M: - Eh...bien.
El mozo se retira.
A: - En qué estábamos?
G: - No sé. El de atrás mío te mira muy raro. Debe haber sido por lo del orégano.
A: - Cómo sabés que me mira raro?
G: - Es evidente.
A: - Es no vidente, Graciela.
G: - En serio me decís?
A: - Sí.
G: - Qué barbaridad. A quién se le ocurriría?
A: - Graciela, no es su culpa. No es que se le ocurrió ser no vidente. No lo eligió, supongo.
G: - No, decía...A quién se le ocurriría pensar que ése tipo es ciego? No parece en lo más mínimo.
A: - Bueno. Vos qué tal? Cómo fue tu día?
G: - Bien. Tranqui. Normal. Aburrido...no fue un día muy especial que digamos. De hecho fue más bien triste. Fue un día instrascendente. Sin alma. Malo. Mal día. Feo. Horrible.
A: - Eh! Por qué? Qué pasó?
G: - Falleció Tití.
A: - La tortuga?
G: - Sí.
A: - Pero no es que viven como quinientos años las tortugas?
G: - Sí, siempre y cuando alguien no las pise y las tire por el balcón.
A: - Quién hizo eso!?
G: - No, no sé. También se pueden morir incineradas. Qué sé yo, hay tantas formas...
A: - De qué?
G: - De que no lleguen a los quinientos años...
A: - Está bien. Pero cuál es el caso de Tití?
G: - No sabría decirte. Hoy amaneció muerta. Debe haber comido algo...no sé.
A: - Estás segura de que no está hibernando?
G: - Invernando?
A: - No, hibernando.
G: - Ah, y cuál es la diferencia?
A: - "Invernar" es pasar el invierno en algún lugar. También significa engordar al ganado con buenas pasturas.
G: - E "hibernar"?
A: - Pasar el invierno. Pero en estado de hibernación.
G: - Ah.
A: - Bueno, y como sabés que no está hibernando?
G: - Porque es verano.
A: - Ah, claro.
G: - Lo que no sé es si no estaba invernando...
A: - No, seguro que no.
G: - Por?
A: - Porque es verano.
G: - Ah, claro. Bueno, la cuestión es que se murió esa tortuga. Ya era hora.
A: - Eh?
G: - Y sí. Decíme vos. Para qué cuernos sirve una tortuga?
A: - Y para qué sirve un perro?
G: - No sé, te brinda cariño, te hace compañía, qué se yo.
A: - Y un gato?
G: - No sé, no me cambies de tema. Estamos con la cuestión de las tortugas.
A: - Bueno, no sé qué decirte.
G: - No sirven para nada! Y las tenés que alimentar...Tomás antes se ocupaba. Pero ahora no. Era hora de que se muriera. Yo no la aguantaba más. Por eso es que hoy fue un buen día. Al fin murió.
A: - Y Tomás cómo lo tomó?
G: - Ni se enteró.
A: - Le vas a decir?
G: - No sé, cuando pregunte.
Llega el mozo con la comida.
A: - Gracias. Puede ser un poquito de sal, por favor?
El mozo toma un frasco lleno de sal de una mesa vecina, sin siquiera pedirle permiso a los comensales. Deja la sal en la mesa de Augusto y Graciela y se retira.
G (en voz baja): - Los de al lado nos están mirando mal. Es por lo de la sal. Viste lo que hizo el mozo?
A: - Sí, pero que se jodan. Los de al lado digo.
G: - Deberíamos pedirles disculpas.
A: - El mozo debería hacerlo.
Graciela mira su plato.
G: Ah, no, no, no!
A: - Qué pasa?
G: - Estos agnolotis tienen pollo!
A: - Mejor. No querías pollo vos?
G: - Pero yo quería pollo solamente. Me dijeron que no había. Qué manga de mentirosos "inescuprulosos".
A: - Eh?
G: - "Inéscrúpulosos". No. "Inescrúpulos". Os. Mierda. Cómo era? Indescriptibles! Eso! Qué manga de mentirosos indescriptibles! Encima ahora el poco pollo que me pusieron con los sorrentinos está todo "encremado".
A: - Eh?
G: - "Encremado". Con crema. Lleno de. Lleno de crema.
A: - Bueno, no es tan terrible.
G: - La crema engorda.
A: - No, el que engorda es uno.
G: - Ay, que chistoso!
CDLMDAA uno: - Disculpe, señor...
CDLMDAA dos: - Señor...
G: - Augusto, te hablan. Los comensales de la mesa de al lado.
A: - Ah, perdón.
Augusto da media vuelta y mira a los comensales de la mesa de al lado (de ahora en adelante "CDLMDAA"). El comensal de la mesa de al lado "uno" es de sexo masculino. El "dos" es de sexo femenino.
A: - Dígame.
CDLMDAA uno: - Podría devolvernos la sal por favor?
A: - Sí, cómo no. Le pido disculpas por lo que hizo el mozo. Fue bastante desconsiderado.
CDLMDAA dos: - Sí, también fue un descortéz caradura.
A: - Eso mismo.
CDLMDAA uno: - Se joroba ahora. Porque no le vamos a dejar propina.
A: - Como debe ser. Aquí tiene la sal.
CDLMDAA uno: - Muchísimas gracias.
A: - No hay de qué.
Augusto da media vuelta y vuelve a su conversacion con Graciela.
A: -Simpáticos estos tanos, eh.
G: - Cómo sabés que son tanos?
A: - Por la insignia que tenían en las servilletas. No viste?
G: - Pero nosotros tenemos las mismas. Son del lugar. Este restaurante es italiano, Augusto.
A: - Ah. Ya me parecía raro que se trajeran sus propias servilletas. Hay gente que lo hace igual.
G: - Sí?
A: - Sí. Es más higiénico.
G: - Claro. Ah! Sabés qué otra cosa me pasó hoy?
A: - No.
G: - En realidad no es que me pasó. Bah, sí. Bueno, no importa. Te digo. Hoy fui al gimnasio justo después de enterrar a Tití.
A: - Enterraste a Tití?
G: - Sí.
A: - Dónde?
G: - En una maceta. Grande. No importa. La cuestión es que yo me había ampollado el pié. Ya hace varios días que pasó eso. Igual creo que desde anteayer que no me dolía el pie. Por la ampolla, digo. Bueno, entonces....qué te estaba diciendo? Ah, claro! Fui al gimnasio, tomé mi clase de Tai-Chi-Chong-Gú y volví a casa caminando. Cuando llegué a casa y me estaba por bañar, cuando me saqué la zapatilla y las medias, vi que me colgaba un pedazo de piel seca del pie. Era la ampolla esa que te dije recién. Que ya desde hace varios dias que no era "ampolla" sino "piel seca ex ampolla" o algo así. Entonces ese pedazo de piel, que sería de unos dos centímetros por medio centímetro mas o menos, me lo saqué. Y en vez de tirarlo a la basura lo dejé apoyado en la mesita de luz, pensando "bueno, cuando salga del baño lo tiro". La cuestión es que me fui a bañar, lo más bien, y cuando salgo de la ducha, el pedacito ese de piel estaba aún mas seco (se notaba por la dureza) y encima era más chico. Debía tener...suponete...un centímetro y medio por un cuarto de centímetro. Algo así. Increíble, no?
A: - Sí...
G: - Bueno, y estuve buscando todo el dia en internet una explicación para semejante hecho. Y no la encontré, sabés? Debe ser porque dermatológicamente hablando yo soy una mujer muy especial. No le debe pasar eso a mucha gente. Por eso no está en internet.
A: - Claro...Mi amor, comé...se te va a enfriar.
G: - No, no quiero, se me pasó el hambre. Y además estos canelones no están tan buenos.
A: - Qué pena. Vas a comer postre?
G: - Sí. Ensalada de frutas.
A: - Bien.
Augusto llama al mozo. El mozo se acerca.
A: - Le puedo pedir una ensalada de frutas y un tiramisú?
M: - Desde luego.
G: - No, no. Mejor yo quiero una ensalada de frutas también.
A: - Bueno, entonces que sean dos ensaladas de fruta.
M: -Bien.
El mozo se retira.
G: - Me arrepentí del tiramisú justo a tiempo.
A: - Sí!
El mozo se acerca con dos "Charlotes".
A: - Señor, discúlpeme...le pedimos dos tiramisú.
M: - Es que no hay. No quedan muchos postres. Éste es el único que nos queda, de hecho. Cómanlo, no se los vamos a cobrar.
A: - Bueno....está bien. Gracias.
G: - Este mozo tiene un carácter muy especial.
A: - Sí.
Los CDLMDAA, quienes terminaron de comer hace rato, se levantan de su mesa y se despiden de Augusto y Graciela con un gesto cordial, el cual es devuelto en tiempo y forma.
A los diez minutos, luego de haber comido sus respectivos postres y haber pagado la cuenta, Augusto y Graciela también se retiran del restaurante.
viernes, 2 de febrero de 2007
Cuando hablo por teléfono.
Es domingo. Once de la mañana. Estela está recostada, leyendo el diario. Martín está a su lado, también recostado. Él no lee nada. Simplemente está recostado.
E: - Últimamente no pasa nada. Absolutamente nada.
M: - O ese diario es una porquería.
E: - Es ridículo.
M: - Que no pase nada? Es mejor.
E: - No, que me digas que éste diario es una porquería.
M: - Ah.
Silencio.
M: - Estaba pensando...Hace cuánto tiempo que no hablamos por teléfono nosotros?
E: - Ayer o antes de ayer creo que fue la última vez.
M: - Ah. Entonces no.
E: - Entonces no qué?
M: - Nada, nada.
Silencio.
M: - Estaba pensando, no? Me acabo de dar cuenta de que cuando yo hablo con alguien, mientras hablo con esa persona, me la imagino.
E: - Te la imaginás?
M: - Claro. Me la imagino en ese mismo momento. Como si la estuviera viendo a la otra persona. Me imagino qué es lo que está haciendo, la forma en que agarra el teléfono, si camina o no, qué está mirando, etcétera.
E: - Qué ocurrente.
M: - Es normal eso?
E: - Lo hacés todo el tiempo? En todas las conversaciones telefónicas que tenés?
M: - Sí.
E: - Y no te distrae?
M: - No, por?
E: - Y...porque deberías prestar atención a otras cosas...por ejemplo a la conversacion misma.
M: - Pero eso lo hago, eh.
E: - Hasta cuando manejas?
M: - Sí.
E: - No es normal...Bah, eso creo yo. No sé.
M: - Y a vos no te intriga saber qué es lo que está haciendo la otra persona mientras habla con vos? Si se rasca, si come algo, si mira por una ventana...
E: - Y no...la verdad que no. Pero lo podés preguntar también.
M: - Sí, pero pierde la magia...De todos modos, ahora que lo pienso, es como una cosa inconciente. No es que me distrae, o capta mi total atención. En el momento, por más que me esté imaginando a la otra persona subida a un árbol, no se me ocurriría preguntarle si está subida a un árbol. Simplemente me la imagino ahí y chau.
E: - Y le cortás?
M: - No, no. Fue una manera de decir. "Y chau". Como diciendo: "Y listo".
E: - Ah.
Silencio.
M: - Me gusta de todos modos.
E: - Qué cosa?
M: - Eso de imaginarme a la gente mientras hablo.
E: - Ah.
M: - Estela...
E: - Qué.
M: - Estás leyendo el diario de ayer, gorda.
E: - Ah, sí, ya sé.
M: - No entiendo.
E: - Es que salí a comprar el diario recién, mientras te afeitabas. Y al diariero no le quedaban más de hoy. Pero como el de ayer tampoco lo leí, le dije que me llevaba éste.
M: - Y dice algo interesante?
E: - No. Todas noticias viejas.
M: - Y lógico. No entiendo para qué...
E: - Pero me gusta, eh. Escuchá ésta. Ésta te va a gustar a vos: "Todas las fichas puestas en Boca".
M: - Sí. Y?
E: - Y cómo salió Boca ayer?
M: - Ganó.
E: - Ah. Entonces...eh...ese título estuvo bien puesto. Pero mirá ésto. Pronosticaban lluvias para hoy. Vos ves alguna nube? Ni siquiera media. Eso es lo bueno de leer el diario un día después. Uno tiene una posición distinta. Uno puede ser más crítico de lo que lee.
M: - Ajá...
E: - Te imaginás tener el diario del día siguiente?
M: - Como en Volver al futuro.
E: - Claro.
M: - No.
E: - No qué?
M: - No me lo imagino.
E: - Sin embargo te imaginás a la gente mientras hablás por...
M: - Sí.
Martín extiende su mano y, del cajón de su mesita de luz, saca un control remoto. Enciende la TV.
M: - Nunca ví la tele un domingo a esta hora.
Martín hace zapping.
M: - Uy! Esta película es buenísima! Actúa este tipo...cómo se llama?!
E: - Quién?
M: - Esperá, todavía no apareció...a ver...
Silencio.
M: - Es un genio, eh. Es conocidísimo. Filmó dos millones de películas. Ay! Qué boludo que no me sale el nombre! Es famosísimo, eh. Medio viejo...Ahí está!
E (sacando la vista del diario): - Jack Nicholson, Martín!
M: - Ahí está! Ése! Pero qué boludo! Esta película es genial...no la vas a ver?
E (volviendo la vista al diario): - No, ya la ví.
M: - Yo también, pero es buenísima. La voy a ver de nuevo.
Martín mira la película mientras Estela lee el diario del sábado. Se quedan en la cama hasta que finaliza la película. Minutos antes, se larga a llover.
E: - Últimamente no pasa nada. Absolutamente nada.
M: - O ese diario es una porquería.
E: - Es ridículo.
M: - Que no pase nada? Es mejor.
E: - No, que me digas que éste diario es una porquería.
M: - Ah.
Silencio.
M: - Estaba pensando...Hace cuánto tiempo que no hablamos por teléfono nosotros?
E: - Ayer o antes de ayer creo que fue la última vez.
M: - Ah. Entonces no.
E: - Entonces no qué?
M: - Nada, nada.
Silencio.
M: - Estaba pensando, no? Me acabo de dar cuenta de que cuando yo hablo con alguien, mientras hablo con esa persona, me la imagino.
E: - Te la imaginás?
M: - Claro. Me la imagino en ese mismo momento. Como si la estuviera viendo a la otra persona. Me imagino qué es lo que está haciendo, la forma en que agarra el teléfono, si camina o no, qué está mirando, etcétera.
E: - Qué ocurrente.
M: - Es normal eso?
E: - Lo hacés todo el tiempo? En todas las conversaciones telefónicas que tenés?
M: - Sí.
E: - Y no te distrae?
M: - No, por?
E: - Y...porque deberías prestar atención a otras cosas...por ejemplo a la conversacion misma.
M: - Pero eso lo hago, eh.
E: - Hasta cuando manejas?
M: - Sí.
E: - No es normal...Bah, eso creo yo. No sé.
M: - Y a vos no te intriga saber qué es lo que está haciendo la otra persona mientras habla con vos? Si se rasca, si come algo, si mira por una ventana...
E: - Y no...la verdad que no. Pero lo podés preguntar también.
M: - Sí, pero pierde la magia...De todos modos, ahora que lo pienso, es como una cosa inconciente. No es que me distrae, o capta mi total atención. En el momento, por más que me esté imaginando a la otra persona subida a un árbol, no se me ocurriría preguntarle si está subida a un árbol. Simplemente me la imagino ahí y chau.
E: - Y le cortás?
M: - No, no. Fue una manera de decir. "Y chau". Como diciendo: "Y listo".
E: - Ah.
Silencio.
M: - Me gusta de todos modos.
E: - Qué cosa?
M: - Eso de imaginarme a la gente mientras hablo.
E: - Ah.
M: - Estela...
E: - Qué.
M: - Estás leyendo el diario de ayer, gorda.
E: - Ah, sí, ya sé.
M: - No entiendo.
E: - Es que salí a comprar el diario recién, mientras te afeitabas. Y al diariero no le quedaban más de hoy. Pero como el de ayer tampoco lo leí, le dije que me llevaba éste.
M: - Y dice algo interesante?
E: - No. Todas noticias viejas.
M: - Y lógico. No entiendo para qué...
E: - Pero me gusta, eh. Escuchá ésta. Ésta te va a gustar a vos: "Todas las fichas puestas en Boca".
M: - Sí. Y?
E: - Y cómo salió Boca ayer?
M: - Ganó.
E: - Ah. Entonces...eh...ese título estuvo bien puesto. Pero mirá ésto. Pronosticaban lluvias para hoy. Vos ves alguna nube? Ni siquiera media. Eso es lo bueno de leer el diario un día después. Uno tiene una posición distinta. Uno puede ser más crítico de lo que lee.
M: - Ajá...
E: - Te imaginás tener el diario del día siguiente?
M: - Como en Volver al futuro.
E: - Claro.
M: - No.
E: - No qué?
M: - No me lo imagino.
E: - Sin embargo te imaginás a la gente mientras hablás por...
M: - Sí.
Martín extiende su mano y, del cajón de su mesita de luz, saca un control remoto. Enciende la TV.
M: - Nunca ví la tele un domingo a esta hora.
Martín hace zapping.
M: - Uy! Esta película es buenísima! Actúa este tipo...cómo se llama?!
E: - Quién?
M: - Esperá, todavía no apareció...a ver...
Silencio.
M: - Es un genio, eh. Es conocidísimo. Filmó dos millones de películas. Ay! Qué boludo que no me sale el nombre! Es famosísimo, eh. Medio viejo...Ahí está!
E (sacando la vista del diario): - Jack Nicholson, Martín!
M: - Ahí está! Ése! Pero qué boludo! Esta película es genial...no la vas a ver?
E (volviendo la vista al diario): - No, ya la ví.
M: - Yo también, pero es buenísima. La voy a ver de nuevo.
Martín mira la película mientras Estela lee el diario del sábado. Se quedan en la cama hasta que finaliza la película. Minutos antes, se larga a llover.
miércoles, 31 de enero de 2007
Abbey Road.
Es domingo. Entra Joaquín en la habitación. Tiene muchos discos en la mano. Muchos. Julia está sentada. En su escritorio hay una computadora encendida. Ella chatea con alguien y cuando habla con Joaquín, no desprende su mirada de la pantalla.
J: - Julia...
J: - Qué.
J: - Vos tenés Aebey Road?
J: - Abbey Road?
J: - Sí.
J: - Ah, porque lo estabas pronunciando mal.
J: - Qué dije?
J: - Aebey Road.
J: - Bueno. Lo tenés?
J: - Qué cosa?
J: - El disco...
J: - Qué disco?
J: - El de los Beetles.
J: - Beatles.
J: - Basta, Julia. Lo tenés o no?
J: - No, no lo tengo. Es tuyo ese disco. No se lo prestaste a ....?
Silencio. Julia ríe con una réplica que recibe vía chat. Responde.
J: - A quién?
J: - A quién qué?
J: - A quién decís que le presté el disco?
J: - Ah...Este...No se lo prestaste a Héctor?
J: - Rabinovich?
J: - No, Hernández.
J: - Ah, no. Seguro que no.
Joaquín observa los discos que tiene en la mano, los mezcla...
J: - No se lo presté a nadie ese disco. Estoy seguro. No presto discos de los Beetles. Bitls. Beetls. Beatles.
J: - Ahí va. Beatles.
J: - Beatles.
J: - Eso!
J: - En realidad estoy buscando un tema.
Silencio.
J: - Julia.
J: - Ajá.
J: - Here comes the sun.
J: - Dónde?
J: - Dónde qué?
J: - Nada, te estoy jorobando.
J: - Ah. Bueno, no sé. La verdad es que no sé. Dónde mierda puse ese disco?
J: - No sé, Joaquín. Yo tampoco sé. Son tus discos. Here comes the sun está en Abbey Road. Eso seguro.
J: - Sí...sí...ya sé...
J: - Ay! Sacála, sacála!
J: - Qué cosa?!
J: - La polilla! Sacála! Es enorme! Ay!
J: - No es para tanto.
Joaquín se saca una pantufla y mata a la polilla.
J: - Gracias...dejaste la pared marcada...
Julia pasa el dedo por la pared. Vuelve a dirigir la mirada hacia el monitor.
J: - Casi me ataca...uf...
J: - La polilla?
J: - Me dan miedo las polillas...No le tengo miedo a nada más que a las polillas.
J: - Y a los murciélagos?
J: - No.
J: - Uff yo a esos les tengo fobia.
J: - Sí. Ya sé.
Joaquín se aleja de la habitación. Hay dos o quizás tres minutos de silencio. De repente, suena "Come Together".
J: - Julia...
J: - Qué.
J: - Vos tenés Aebey Road?
J: - Abbey Road?
J: - Sí.
J: - Ah, porque lo estabas pronunciando mal.
J: - Qué dije?
J: - Aebey Road.
J: - Bueno. Lo tenés?
J: - Qué cosa?
J: - El disco...
J: - Qué disco?
J: - El de los Beetles.
J: - Beatles.
J: - Basta, Julia. Lo tenés o no?
J: - No, no lo tengo. Es tuyo ese disco. No se lo prestaste a ....?
Silencio. Julia ríe con una réplica que recibe vía chat. Responde.
J: - A quién?
J: - A quién qué?
J: - A quién decís que le presté el disco?
J: - Ah...Este...No se lo prestaste a Héctor?
J: - Rabinovich?
J: - No, Hernández.
J: - Ah, no. Seguro que no.
Joaquín observa los discos que tiene en la mano, los mezcla...
J: - No se lo presté a nadie ese disco. Estoy seguro. No presto discos de los Beetles. Bitls. Beetls. Beatles.
J: - Ahí va. Beatles.
J: - Beatles.
J: - Eso!
J: - En realidad estoy buscando un tema.
Silencio.
J: - Julia.
J: - Ajá.
J: - Here comes the sun.
J: - Dónde?
J: - Dónde qué?
J: - Nada, te estoy jorobando.
J: - Ah. Bueno, no sé. La verdad es que no sé. Dónde mierda puse ese disco?
J: - No sé, Joaquín. Yo tampoco sé. Son tus discos. Here comes the sun está en Abbey Road. Eso seguro.
J: - Sí...sí...ya sé...
J: - Ay! Sacála, sacála!
J: - Qué cosa?!
J: - La polilla! Sacála! Es enorme! Ay!
J: - No es para tanto.
Joaquín se saca una pantufla y mata a la polilla.
J: - Gracias...dejaste la pared marcada...
Julia pasa el dedo por la pared. Vuelve a dirigir la mirada hacia el monitor.
J: - Casi me ataca...uf...
J: - La polilla?
J: - Me dan miedo las polillas...No le tengo miedo a nada más que a las polillas.
J: - Y a los murciélagos?
J: - No.
J: - Uff yo a esos les tengo fobia.
J: - Sí. Ya sé.
Joaquín se aleja de la habitación. Hay dos o quizás tres minutos de silencio. De repente, suena "Come Together".
viernes, 26 de enero de 2007
Inspiración.
A: - Bueno, Marga. No puedo.
M: - Eh?
A: - Ya no sé que hacer. No puedo ni siquiera agregar una frase. Una mísera oración. Es más, te digo algo. Creo que desde hace dos días que no agrego nada. Simplemente borro. Borro y no paro de borrar.
M: - Bueno, Antonio...ya va a surgir algo. Vos tenés que relajarte y...
A: - No, no. Esto es serio. Tengo una sola oración ahora. Una sola. Y sabés qué?
M: - Qué?
A: - Ni siquiera me convence.
M: - Qué dice?
A: - La frase?
M: - No. Ernesto.
A: - Ah. Dice que puede ser la medicación que estoy tomando.
M: - Y a vos que te parece?
A: - A mi me parece que Ernesto es un flor de boludo.
M: - Yo creo lo mismo. Pero digo de esta situación en particular.
A: - Ah, yo creo que simplemente se me agotaron los recursos.
M: - No digas eso. Vos sos una persona muy talentosa. Debe ser cuestión de tiempo.
A: - Qué cosa?
M: - Esto de la inspiración. Todos los artistas tienen una especie de trauma con eso. O escupen todo directamente, lo largan así como si nada, o empiezan a hacer análisis pelotudos de la realidad.
A: - Eh? De qué realidad?
M: - De la suya. Que no sirven para nada, que todo lo que hacen es una basura...
A: - Es que a veces es así, Marga. Hay artistas que no sirven para nada y que hacen pura basura. Deberían desaparecer de la faz del planeta directamente. Nos harían un favor a todos.
M: - Bueno, ves?
A: - Qué cosa?
M: - Eso es bueno. Significa que vos no te considerás un artista que no sirve para nada. Acabás de tratarlos de "ellos".
A: - A quiénes?
M: - A los artistas que son pésimos.
A: - Ah. Pero yo ni siquiera me considero un artista, Marga. Ni siquiera eso. No te das cuenta? No puedo producir arte. Una puta oración tengo, Marga. Una sola.
M: - Y qué dice?
A: - Ernesto? Ya te dije.
M: - No, la oración.
A: - Ah. Esperá que busco el cuaderno.
Antonio agarra el cuaderno del escritorio, se pone los anteojos, tose y lee.
A: - Dice: "Martha está sola. Fuera de sí."
M: - Ajá...
Silencio.
M: - Y?
A: - Eso es todo. Ahora que lo pienso, lo de "fuera de sí" no me convence...
M: - A mi lo que no me gusta es lo de "Martha".
A: - Por?
M: - Simplemente no me gusta el nombre.
A: - Andrea?
M: - Hablé con ella la semana pasada. Estaba un poco mejor de la pierna. En dos semanas empieza la rehabilitación.
A: - Te preguntaba si preferías que pusiera "Andrea" en vez de "Martha".
M: - Ah. Sí. Prefiero.
Antonio toma un lápiz, tacha y escribe.
M: - Bueno. Y de qué va a tratar la historia?
A: - Dos semanas nada más? Se recuperó bastante rápido, eh. Yo pensé que por lo menos un mes le quedaba todavía.
M: - Sí. Increíble la verdad.
Silencio.
M: - Y?
A: - No, bueno, a mi no me parece una cosa "increíble" como decís vos. Simplemente me alegro mucho por ella. Es una buena chica.
M: - No, digo la historia. De qué va a tratar?
A: - Ah. Bueno...Eh...No estoy pensando en una historia propiamente dicha.
M: - Ah, no?
A: - No, no. Estoy pensando en escribir simplemente situaciones, conversaciones, diálogos, instantes precisos, particulares.
M: - Me gusta esa idea!
A: - No te pasa que hay veces que recordás instantes en particular? Instantes muy precisos, digo.
M: - No...
A: - Sí. Seguro que sí. Instantes mínimos. Un segundo, o menos, quizás. Es como si esos instantes que en su momento duraron lo que físicamente duraron, se hubieran "eternizado". Y vos al acordártelo tan precisamente...tan pero tan precisamente...
M: - Qué?
A: - Ésa es la eternidad del instante. Es la única forma.
M: - No sé de qué hablás.
A: - Por ejemplo, yo recuerdo cosas de cuando tenía tres o cuatro años. Pero no recuerdo ni siquiera situaciones. Simplemente sensaciones. Sensaciones que duraron milisegundos. Recuerdo instantes. Instantes que en su momento deben haber sido eternos, porque sino no los recordaría. Y a la vez, se "autoeternizan", porque los recuerdo por siempre. Son imposibles de olvidar, entendés?
M: - No.
A: - Bueno. Quiero escribir situaciones, simplemente. Diálogos, y esas cosas.
M: - Me parece una muy linda idea. Puede funcionar.
A: - Depende...
M: - De qué?
A: - Uff...de tantas cosas...
M: - Por ejemplo?
Antonio, con el cuaderno y el lápiz en la mano (y con los anteojos todavía puestos), da media vuelta y se dirige hacia otro espacio de la casa. Cierra una puerta.
M: - Eh?
A: - Ya no sé que hacer. No puedo ni siquiera agregar una frase. Una mísera oración. Es más, te digo algo. Creo que desde hace dos días que no agrego nada. Simplemente borro. Borro y no paro de borrar.
M: - Bueno, Antonio...ya va a surgir algo. Vos tenés que relajarte y...
A: - No, no. Esto es serio. Tengo una sola oración ahora. Una sola. Y sabés qué?
M: - Qué?
A: - Ni siquiera me convence.
M: - Qué dice?
A: - La frase?
M: - No. Ernesto.
A: - Ah. Dice que puede ser la medicación que estoy tomando.
M: - Y a vos que te parece?
A: - A mi me parece que Ernesto es un flor de boludo.
M: - Yo creo lo mismo. Pero digo de esta situación en particular.
A: - Ah, yo creo que simplemente se me agotaron los recursos.
M: - No digas eso. Vos sos una persona muy talentosa. Debe ser cuestión de tiempo.
A: - Qué cosa?
M: - Esto de la inspiración. Todos los artistas tienen una especie de trauma con eso. O escupen todo directamente, lo largan así como si nada, o empiezan a hacer análisis pelotudos de la realidad.
A: - Eh? De qué realidad?
M: - De la suya. Que no sirven para nada, que todo lo que hacen es una basura...
A: - Es que a veces es así, Marga. Hay artistas que no sirven para nada y que hacen pura basura. Deberían desaparecer de la faz del planeta directamente. Nos harían un favor a todos.
M: - Bueno, ves?
A: - Qué cosa?
M: - Eso es bueno. Significa que vos no te considerás un artista que no sirve para nada. Acabás de tratarlos de "ellos".
A: - A quiénes?
M: - A los artistas que son pésimos.
A: - Ah. Pero yo ni siquiera me considero un artista, Marga. Ni siquiera eso. No te das cuenta? No puedo producir arte. Una puta oración tengo, Marga. Una sola.
M: - Y qué dice?
A: - Ernesto? Ya te dije.
M: - No, la oración.
A: - Ah. Esperá que busco el cuaderno.
Antonio agarra el cuaderno del escritorio, se pone los anteojos, tose y lee.
A: - Dice: "Martha está sola. Fuera de sí."
M: - Ajá...
Silencio.
M: - Y?
A: - Eso es todo. Ahora que lo pienso, lo de "fuera de sí" no me convence...
M: - A mi lo que no me gusta es lo de "Martha".
A: - Por?
M: - Simplemente no me gusta el nombre.
A: - Andrea?
M: - Hablé con ella la semana pasada. Estaba un poco mejor de la pierna. En dos semanas empieza la rehabilitación.
A: - Te preguntaba si preferías que pusiera "Andrea" en vez de "Martha".
M: - Ah. Sí. Prefiero.
Antonio toma un lápiz, tacha y escribe.
M: - Bueno. Y de qué va a tratar la historia?
A: - Dos semanas nada más? Se recuperó bastante rápido, eh. Yo pensé que por lo menos un mes le quedaba todavía.
M: - Sí. Increíble la verdad.
Silencio.
M: - Y?
A: - No, bueno, a mi no me parece una cosa "increíble" como decís vos. Simplemente me alegro mucho por ella. Es una buena chica.
M: - No, digo la historia. De qué va a tratar?
A: - Ah. Bueno...Eh...No estoy pensando en una historia propiamente dicha.
M: - Ah, no?
A: - No, no. Estoy pensando en escribir simplemente situaciones, conversaciones, diálogos, instantes precisos, particulares.
M: - Me gusta esa idea!
A: - No te pasa que hay veces que recordás instantes en particular? Instantes muy precisos, digo.
M: - No...
A: - Sí. Seguro que sí. Instantes mínimos. Un segundo, o menos, quizás. Es como si esos instantes que en su momento duraron lo que físicamente duraron, se hubieran "eternizado". Y vos al acordártelo tan precisamente...tan pero tan precisamente...
M: - Qué?
A: - Ésa es la eternidad del instante. Es la única forma.
M: - No sé de qué hablás.
A: - Por ejemplo, yo recuerdo cosas de cuando tenía tres o cuatro años. Pero no recuerdo ni siquiera situaciones. Simplemente sensaciones. Sensaciones que duraron milisegundos. Recuerdo instantes. Instantes que en su momento deben haber sido eternos, porque sino no los recordaría. Y a la vez, se "autoeternizan", porque los recuerdo por siempre. Son imposibles de olvidar, entendés?
M: - No.
A: - Bueno. Quiero escribir situaciones, simplemente. Diálogos, y esas cosas.
M: - Me parece una muy linda idea. Puede funcionar.
A: - Depende...
M: - De qué?
A: - Uff...de tantas cosas...
M: - Por ejemplo?
Antonio, con el cuaderno y el lápiz en la mano (y con los anteojos todavía puestos), da media vuelta y se dirige hacia otro espacio de la casa. Cierra una puerta.
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