martes, 14 de diciembre de 2010

Pase del café al pase.

Nota: los textos deben ser interpretados cual publicidad de radio AM durante la transmisión de un partido de fútbol


1. No deje que los tiempos lo acorralen. Mejor, salga a correr con ellos. Café, la droga barata y legal que se consigue en cualquier lado.

2. Si el café ya no le sirve es porque necesita un pase. PASE. Y vea.

3. ¿Los pases de gol ya no lo sorprenden? Tómese un pase, métase en la cancha y haga el gol usted mismo! PASE. Un golazo de mitad de cancha que lo dejará festejando tooodo el día.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Sirena.

- No sé, estaba distraído...(suspira) Jorge me venía hablando de no sé qué. Estábamos con la sirena prendida, todavía. Para llegar más rápido al hospital.
El tipo estaba lo más bien, igual. Con la mujer, atrás. Y justo, de repente, en un cruce apareció esa bicicleta...(vuelve a suspirar) Y bueh.

- ¿Qué hicieron?

- Frenamos, lo levantamos del suelo y lo metimos adentro.

- ¿Se había roto algo?

- No sé, después Jorge me dijo que estaba bien. La bicicleta, hecha bolsa, pero el pibe parece que bien. Parece...

- ¿Ya le dieron el alta?

- No, todavía no. Tiene para una semana de internación.

- ¿Siempre por un paro te internan una semana?

- No, te hablo del de la bici. El del paro palmó antes de que pudiéramos llegar con la ambulancia al hospital.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Cena (tres)

Ariel, Bruno y Pablo son compañeros de laburo. ¿Su laburo? Robar, afanar, delinquir. ¿Su especialidad? Bancos.
Bruno es el ingeniero del grupo. Planea meticulosamente cada asalto. Los tres tienen título secundario, unos 25 años y han elegido la delincuencia por motus propio.

Ariel: - ¿Alguien puede apagar esa música de mierda?
Bruno: - Es Schubert...
Pablo: - Ay, el señor que escucha música clásica...
B: - Es romántica.
A: - Me chupa un huevo y medio de quien sea, no puedo escuchar ni siquiera nuestra conversación. (Gritando muy fuerte) ¡¿Alguien puede escuchar lo que estoy diciendo ahora, carajo?!
B: - Eu!! Pará un poco...ahí la bajo.

(B se levanta de la mesa y baja el volumen del equipo de música. Vuelve a la mesa.)

P: - Ay, el señor que no tolera los volúmenes altos...
B: - Bueno, la cuestión es que la mina me dice "te juro que tengo ganas, pero hoy no..."
A: - Qué hija de puta! Te quisiste achurar el chorizo...
B: - Imaginate... Pero no me dio para irme a la mierda. Entonces le dije que estaba todo bien...
P: - Ay, el señor Don Galán...
A: - ¿Y a vos que te pasa hoy, boludo?
P: - Nada, ¿por?
A: - Estás con esta mierda de "Ay, el señor..."

Pablo se queda callado y agacha la cabeza.

A: - Bueno, ¿y entonces?
B: - Nada, la banqué toda la noche. La acompañé hasta la parada del colectivo y todo...
A: - O sea que la dejaste entre dos paradas: la tuya y la del colectivo.
B: - Algo así.

Pablo empieza a reír sin parar. Ariel y Bruno lo miran.

A: - ¿La vas a volver a ver?
B: - Sí, voy a esperar dos o tres días y le voy a tirar un texto.
A: - Bien. Che, ¿vieron el partido hoy?
B: - Si.
P: - ¿Qué partido?
A: - ¿Vos viste la patada que tiró el Tinto Romai?
B: - Magistral. Era para sacarle una foto y mandarla a enmarcar. Patada de póster.
P: - ¿Qué partido?
A: - Aposté con mi hermano 200 mangos...
B: - O sea que hoy la cena la pagás vos.
A: - Puede ser. ¿No te debo 20 mangos a vos?
B: - ¿De qué?
A: - La última cena.
B: - ¿La pintura?
A: - Estás estudiando tanto que tus chistes ya no son divertidos.
B: - ¿La parrillada?
A: - Sí.
B: - Golazo, hoy pagás vos en serio entonces.
P: - ¿Golazo? ¿Qué partido?

Ariel mira su celular.

A: - El próximo es en Villa Adelina. Me acaba de mandar...
B (interrumpiendo): - Estamos cenando.
A: - Pero le tengo que avisar si estamos adentro o no. La movida se la van a pasar al turco si no la agarramos.
B: - Estamos cenando.
P: - Ay, el señor que no puede hablar de negocios en la mesa...


(Silencio largo.)



B (dirigiéndose a Ariel): - ¿Qué le pasa?
B (dirigiéndose a Pablo): - ¡¿Qué te pasa?!

Pablo se queda callado.


B: - Estamos adentro. Respondé rápido y apagá el teléfono. Este turco de mierda...¿Dónde carajo queda Villa Adelina?
A: - Listo.
B: - ¿Lo apagaste?
A: - Sí.
B: - ¿Lo apagaste?
A: - Es que me copé con esto del Twitter, viste. Estoy siguiendo la data de...
B (interrumpiendo): - Apagá esa mierda.

Ariel apaga el teléfono celular.

A: - Gracias a esta mierda, como le decís vos, me enteré antes que nadie que salió una edición limitada del último disco de los Stones.
P: - Ay, el señor que está conectado todo el tiempo con...
B (interrumpiendo): - Esperá un segundo.

Pablo se queda callado. Bruno se levanta de la mesa y se dirige hacia un mueble que tiene dos cajones. Abre el cajón izquierdo y saca una pistola 9mm. La carga y le dispara a Pablo un tiro en cada pierna.

B (a Ariel): - Llevátelo. Cargálo en el auto y lleváselo a Mario. Que lo ubique en el Fernández un par de días. Le va a conseguir una habitación seguro. Decíle que le saque del cuerpo hasta el último gramo de esa mierda que está tomando y me lo traiga de nuevo. Te espero para el postre.

Ariel toma a Pablo de los brazos y se lo lleva. Bruno va en busca de un trapo de piso y vemos cómo limpia la sangre del piso mientras silba alguna melodía de Schubert.












jueves, 2 de septiembre de 2010

Elena y Javier [1]: Una cuestión de probabilidades.

Javier y Elena desayunan. Desde hace meses que no se llevan bien. Javier lee el diario y no mantiene contacto visual con Elena.

-Javi, estoy leyendo.
-No pares, entonces. Aprovechá y no pares.
-Te quiero contar algo. Estoy leyendo un libro de divulgación científica...
-Ajá...
-Javier!
-Qué.
-¿Me escuchás?
-Sí, ¿para qué estás leyendo eso?
-Para aprender cosas, pero sólo superficialmente. Viste que a mí no me gusta involucrarme demasiado con ciertas cuestiones.
-Sí...¿Cuestiones como el conocimiento?
-Te hablo en serio, boludo.
-Bueno, ¿entonces?
-No, nada. Dejá.

(Silencio.)

-Nunca te va a interesar un carajo lo que yo tenga para decirte, ¿no?
-Sí, mi amor. Me interesa, pero sos muy vueltera. ¿Por qué no me contás lo que querés contarme y listo?
-Bueno, este libro tiene un capítulo que se llama "Probabilidades".
-Ajá.
-Y te enseña probabilidades, con fórmulas y todo.
-Ajá...
-La única cagada es que está en inglés y me cuesta un poco entender algunos términos.
-Claro.
-Bueno, ayer estuve todo el día tratando de sacar cuál es la probabilidad de que seas un pelotudo.

Javier respira hondo, se saca los anteojos lentamente y, por primera vez en la escena, retira la vista del diario para mirar a Elena a los ojos.

-Me voy a trabajar, Elena.
-¿Qué querés comer a la noche?
-Algo livianito...¿pollo?
-¿Con puré?
-Con puré.

Javier se levanta de la silla, le da un beso en la cabeza a Elena, abre la puerta y se va.



viernes, 28 de noviembre de 2008

Hola?

Hace tanto tiempo que no escribía algo!
Se siente lindo la verdad.
Voy a pasar más seguido.
Mañana, quizás.
O pasado.

lunes, 19 de mayo de 2008

De Spinetta para Mí.

"Lo que escribí no tiene mucha importancia en sí, es solamente captar un instante en el que el lenguaje no puede decir más que lo que dice"

viernes, 18 de abril de 2008

Un beso para todos los bancos.

Hoy a las 12 y media del mediodía salí de mi casa con la idea de tomarme el subte e ir a la facultad, como casi todos los dias.
Hubo algo que me distrajo en el camino y decidí desviarme un par de cuadras.
En este "par de cuadras" de desvío, me crucé con un linyera (o al menos una persona que tenía pinta de serlo. Es decir, excepto que fuera un actor o un farsante de primer nivel, juraría que era un linyera).
Este linyera llevaba puestas una camisa (abierta) y unas bermudas. No pude divisar si sus zapatos eran de Channel, de Praga, de Luis Vuitton o de Versace. No tenían ningún logo ni marca que yo conociera.
Igual no me importó mucho lo que tenía puesto. Lo que me llamó la atención fue lo que tenía en su mano. Un pantalon (bastante lindo y limpio, por cierto) de color blanco. Lo llevaba en el antebrazo.
El muchacho pasó por la puerta de un banco (creo que era un Río-Santander), lo miró, dijo unas palabras que no logré escuchar y lanzó su pantalón blanco al banco.
El pantalón cayó justo en frente de la puerta, haciendo que la gente que entraba y salía del banco tuviera que toparse obligatoriamente con ese elegante pantalón tirado en el suelo.
El muchacho siguió caminando, casi alegremente, por la calle que venía hasta que lo perdí de vista.
Me quedé mirando unos instantes la entrada del banco y nadie se dispuso a levantar ese pantalón, lo cual me dio más ganas aún de quedarme mirando.
Debo haber estado al menos dos minutos, o tres, y nunca nadie lo levantó.

Durante esos dos o tres minutos de espera no tuve nada mejor que hacer que ponerme a pensar.
"¿Por qué habrá tirado el tipo esos pantalones?...Debe ser una de las pocas cosas que tiene..."
Luego me imaginé lo que podría haber pensado el linyera antes de arrojar el pantalón.
Se me ocurrió lo siguiente:


"Uff...cómo levantó la temperatura! Estoy transpirando....
...Por suerte tengo la bermuda todavía...
...¿Qué carajo hago con éste pantalón? ¿Dónde lo meto?.....
...Es definitivamente de invierno...
...¿Cuánto falta para el invierno?....
...Debe faltar bastante, porque hace calor....
...Mucho calor....
...Creo que no lo voy a necesitar por un tiempo....
...Uy, un banco! ...
...¿Éstos son los tipos que te guardan las cosas?...
...Más vale que me lo devuelvan después. Vengo en unos días a buscarlo, muchachos, tengan."