miércoles, 14 de diciembre de 2011

Tiempo completo.

Tenía pensado dedicar algunas líneas a la problemática temporal que algunos seres humanos solemos experimentar y/o padecer a esta altura del año: ¿Qué tenemos que hacer cuando sentimos que fin de año se aproxima y nuestra cabeza está por estallar? ¿Qué tenemos que hacer cuando sentimos que el tiempo no alcanza para terminar con nuestras tareas antes de las vacaciones? ¿Qué tenemos que hacer para conseguir algo de tiempo libre en nuestras vidas cuando la carga de trabajo y responsabilidad es tan abrumadora?

Tenía pensado dedicar algunas líneas a esta problemática. Pero no tengo tiempo.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Música y magia

"El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdaderos. Quien no la conoce, quien no puede asombrarse ni maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido"

Albert Einstein: Mi visión del mundo


Recuerdo cuando empecé a escuchar música. Yo era chiquito, muy chiquito.


Las canciones tenían un poder sobre mí. Un poder intenso, grandioso. Un poder que me trasladaba a lugares que ni yo mismo entendía, lugares que no existían en el mundo real, lugares que ni yo mismo podía elegir.

Una montaña rusa. Sensaciones que únicamente se volvían a producir si mi mamá tocaba ese botón llamado PLAY una vez más.

PLAY.

Ahí estaban de nuevo: sensaciones indescriptibles, voces e instrumentos que automáticamente se apoderaban de mí. Paisajes sonoros. Cristalinos, a flor de piel.

¡Cuántos momentos distintos había dentro de una misma canción! Partes que yo hubiese preferido se repitieran infinitamente; partes que hubiese preferido nunca existieran...

La música era magia. Cristalina. Sorpresa tras sorpresa. La canción podía ser la misma una y otra vez. Pero mientras yo no pudiera descubrir el truco, mis sentidos serían engañados eternamente.

Porque la música era magia.

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Recuerdo cuando empecé a escuchar música por segunda vez. Ya no era tan chiquito.

Un cassette de Serú Girán dejó de dar vueltas por los rincones del auto y terminó en mis manos; un CD de los Beatles pasó de ser una incógnita a ser una de mis compañías más preciadas.

Las sensaciones de mi primera infancia ahora se potenciaban. Cada vez existían más paisajes, más colores… las sensaciones tenían más profundidad. Los abismos eran más pronunciados porque las músicas eran más. Y con ellas, más trucos, más magia.

Me transformé en una especie de cronista que tenía acceso a gran cantidad de shows de magia, un cronista que recorría el mundo dispuesto a que los magos lo asombraran. Y ellos, con total grandeza, marcaban con un sablazo la palabra “sorpresa” en mi frente.

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Recuerdo cuando empecé a hacer música.


Primero fue un acorde de La Mayor que implicaba tres dedos torpes sobre un mástil de guitarra. Después fue uno de Mi Mayor. Luego, un acorde de Re Mayor y con éste, todas las posibilidades de combinación entre ellos, con distintos ritmos, distintas energías, distintas interpretaciones.

Cada nuevo acorde prometía un mundo de exploraciones. Las combinaciones entre acorde y acorde eran cada vez mayores.

Estaba aprendiendo mis primeros trucos.

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Recuerdo cuando seguí haciendo música. Ya era un adolescente.

Las posibilidades de combinación eran cada vez mayores, y las canciones que en mi infancia me gustaban, ahora las estaba tocando yo mismo. ¡Estaba haciendo magia!

No entendía cómo funcionaban los trucos, ni por qué. Pero de lo que estaba seguro era de que yo mismo estaba produciendo eso. Eso que antes únicamente podía escuchar.


Corrían entonces tiempos en que la sorpresa era doble: no hay mayor felicidad que poder reproducir aquello que a uno lo sorprende, y sorprenderse de que uno puede hacerlo.

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Recuerdo cuando empecé a estudiar música. Ya no era tan adolescente.


En el período romántico la música era considerada el arte más elevado, por su alto nivel de abstracción. Decía Mendelssohn que los pensamientos expresados por la buena música no son tan vagos como para que no puedan decirse con palabras, sino que son demasiado definidos para poderlos verbalizar.

¿Hay algo de esotérico en la música? El músico se relaciona con los sonidos como un alquimista con sus elementos. Se transforman. Los sonidos se manipulan, y esta manipulación está presente tanto Wagner como en Mozart, tanto en Bach como en la música electroacústica.

La técnica y el estudio hicieron posible que aprendiera y entendiera el funcionamiento de muchísimos trucos.

Me estaba transformando en un mago profesional.

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Recuerdo cuando empecé a vivir de la música. Ya era un adulto.

Me empezaron a encargar la invención de trucos de magia. Me la pasaba día a día haciendo eso. Y sólo me sorprendía cuando el espectador se sorprendía con mis trucos.

Empecé a vivir del deleite de los demás.

Hoy soy músico, y recuerdo con nostalgia las sensaciones que me producía la música. Recuerdo con nostalgia cuando la música se parecía a la magia. O cuando yo podía ser un simple e ingenuo espectador.

Cada vez me cuesta más encontrar buenos trucos y buenos magos, pero cuando los encuentro, logran que automáticamente me transforme en un nene. Y me hacen acordar a cuando empecé a escuchar música. Yo era chiquito, muy chiquito.

Las canciones tenían un poder sobre mí. Un poder intenso, grandioso. Un poder que me trasladaba a lugares que ni yo mismo entendía, lugares que no existían en el mundo real, lugares que ni yo mismo podía elegir.

Una montaña rusa. Sensaciones que únicamente se volvían a producir si mi mamá tocaba ese botón llamado PLAY una vez más.

PLAY.

(El músico empieza a tocar)

Noviembre, 2011.


miércoles, 24 de agosto de 2011

...sionismos (Aproximaciones del arte moderno)

"Para hablar del expresionismo, es preciso ante todo remontarse al impresionismo. En efecto, allí están los dos <> mayores de la época, respondiendo el uno y el otro a posiciones fundamentales respecto a las formas (y el arte está hecho ante todo de cuestiones de forma).

Uno y el otro invocan un punto decisivo de la génesis de la obra: para el impresionismo, es el instante receptor de la impresión de naturaleza; para el expresionismo, aquel posterior en el que la impresión recibida es devuelta, y cuya homogeneidad término a término con el primero ya no es posible a veces demostrar. En el expresionismo, pueden pasar años entre recepción y restitución productiva, fragmentos de impresiones diversas pueden ser restituidas en una combinación nueva, o bien aún viejas impresiones pueden ser reactivadas después de años de latencia a través de impresionismos más recientes".

Paul Klee: Teoría del arte moderno

martes, 23 de agosto de 2011

Silencio

When I hear what we call music, it seems to me that someone is talking. And talking about his feelings, or about his ideas of relationships. But when I hear the sound of traffic, here on 6th avenue for instance, I don’t have the feeling that anyone is talking. I have the feeling that sound is acting. And I love the activity of sound. And it gets louder and quieter, higher and lower, longer and shorter… it does all these things. I’m completely satisfied with that. I don’t need sound to talk to me.

We don’t see much difference between time and space. We don’t know where one begins and the other stops. So that most of the arts that we think of is being in time and most of the arts we think of is being in space.

Marcel Duchamp for instance, began thinking of music as being not a time art but a space art. And he made a piece called “Sculpture musicale”, which means different sounds coming from different places, and lasting, producing a sculpture which is sonorous and remains.

People expect “listening” to be more than listening. And so sometimes they speak of “inner listening”, or the “meaning of sound”. When I talk about music, it finally comes to people’s mind that I’m talking about sound that doesn’t mean anything, that is not “inner” but is just “outer”. And people who understand that say : “you mean it’s just sounds?”, thinking that for something to just be a sound is to be useless. Whereas I love sounds, just as they are. And I have no need for them to be anything more, than what they are. I don’t want them to be psychological. I don’t want a sound to pretend that it’s a bucket, or that it’s president, or that it’s in love with another sound. I just want it to be a sound.

Emmanuel Kant said they were two things that don’t have to mean anything : music and laughter. Don’t have to mean anything, that is in order to give us very deep pleasure.
The sound experience which I prefer to all others, is the experience of silence. And silence almost everywhere in the world now is traffic.

If you listen to Bethoven or Mozart, you see they are always the same. But if you listen to traffic, you see it’s always different.”

John Cage, New York, 4 Feb 1991

Mozart Cage


Stravinsky sobre la composición musical

"La labor del creador es examinar detenidamente los elementos que recibe (de la imaginación), ya que la actividad humana debe imponerse límites a sí misma. Mientras más se controle, limite y elabore el arte, más libre será.
Por lo que a mí respecta, experimento una especie de terror cuando, en el momento de ponerme a trabajar y hallarme ante la infinidad de posibilidades que se me presentan, tengo la sensación de que todo me está permitido...
¿Tendré, entonces, que perderme en este abismo de libertad? ¿A qué debo agarrarme para escapar del vértigo que se posesiona de mí ante la virtualidad de esta infinitud...? Totalmente convencido de que las combinaciones que tienen a su disposición los doce sonidos de cada octava y de que todas las variedades de ritmo posibles me prometen riquezas que toda la actividad del genio humano jamás agotará.
Lo que me salva de la angustia a la que me arroja esta libertad sin restricciones es el hecho de que siempre sé dedicarme de inmediato a las cosas concretas que, en estos casos, se me plantean. No tengo empleo para una libertad teórica. Quiero algo que sea finito, definitivo, una materia que se preste a mi elaboración siempre y cuando esté en proporción a mis posibilidades. Además, esta materia se me presenta con sus limitaciones. Por consiguiente, yo tengo que imponerle las mías...
Así, mi libertad consiste en saber moverme de un lado a otro dentro del estrecho marco que yo mismo me he asignado para cada una de mis empresas.
Llegaré incluso más lejos: mi libertad será mucho más grande y significativa cuanto más limite yo mi propio campo de acción y cuanto más rodeado me vea de obstáculos. Todo aquello que reduce los límites, reduce también la fuerza. Mientras más restricciones uno se imponga, más libre se verá de las cadenas que sujetan el espíritu".


Stravinsky: Poética musical, 1947.

sábado, 23 de julio de 2011

Interpretative liberties...

"During that time [1829-37], both at public concerts and in private salons (where people never failed to observe that I had selected my pieces very badly), I often performed the works of Beethoven, Weber and Hummel, and let me confess to my shame that in order to wring bravos from the public that is always slow, in its awesome simplicity, to comprehend beautiful things, I had no qualms about changing the tempos of the pieces or the composers's intentions. In my arrogance I even went so far as to add a host of rapid runs and cadenzas, which, by securing ignorant applause for me, sent me off in the wrong direction - one that I fortunately knew enough to abandon quickly. You cannot believe, dear friend, how mucho I deplore those concessions to bad taste, those sacrilegious violations of the SPIRIT and the LETTER, because the most profound respect for the masterpieces of great composers has, for me, replaced the need that a young man barely out of childhood once felt for novelty and individuality. Now I no longer diverce a composition from the era in which it was written, and any claim to embellish or modernise the works of earlier periods seems just as absurd for a musician to make as it would be for an architect, for example, to place a Corinthian capital on the columns of an Egyptian temple."

Liszt, 1837.